Rosa Guerra

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Biografíarosa-guerra

Rosa Guerra, educadora, poeta, dramaturga y periodista argentina, nació en Buenos Aires en 1834. Desde joven muestra una ferviente tendencia hacia la formación educativa femenina. Profesa la enseñanza y luego dirige el colegio privado que regenteaba Ana Bevans en el barrio bonaerense de Belgrano. En 1852, comienza su carrera literaria con la publicación de su propio periódico: La Camelia. Este bisemanario publicado por la imprenta Republicana nace después de la caída del dictador Juan Manuel de Rosas y contaba con la participación de varias colaboradoras anónimas. Con el slogan: “Libertad! No licencia; igualdad entre ambos secsos”, Rosa Guerra inserta propuestas de igualdad social y emancipación femenina con un tono discursivo altanamente combativo destinado a resistir las doctrinas de secularización social vigentes. La Camelia denuncia la urgencia de educar científicamente a la mujer como agente productor de valores morales beneficiosos para la familia y por extensión, la nación. Una temática distintiva de la escritura periodística de Guerra es su lucha por el reconocimiento a la mujer exiliada y la desmitificación de la noción de inferioridad de la mujer americana ante los modelos europeos y norteamericanos.

Las propuestas de la Camelia constituyeron una anomalía dentro del periodismo nacional, espacio dominado por las voces masculinas. Desde su posición marginal, Rosa Guerra intentó no solo desestabilizar las relaciones de poder vigentes sino también desafiar los limites participativos de las mujeres en el discurso literario público. Debido a la formación de su directorio y las temáticas abordadas, las cuales traspasaban los asuntos domésticos, La Camelia sufre críticas y hasta burlas en la prensa nacional, seguidas de concretas amenazas sobre el material a discutir en sus páginas. La Camelia fue, de hecho, el segundo periódico literario femenino argentino y como su antecedente, La Aljaba, llega a tener corta vida. Con solo catorce fascículos emitidos, La Camelia deja de publicarse el 11 de mayo de 1852.

A los dos meses de la desaparición de La Camelia, Rosa Guerra retorna al campo del periodismo femenino con una nueva publicación: La Educación. Periódico religioso, poético y literario. En el caso de este semanario, Guerra acepta abiertamente la responsabilidad de su redacción reconociendo que su impulso a editar otro periódico estaba basado en su atracción por la crítica y el ridículo. Es importante aclarar que, a diferencia de La Camelia, en La Educación Guerra utiliza el seudónimo “Cecilia” en ciertas cartas y ensayos. En este periódico, Guerra fija el tratamiento de la educación femenina en primera plana de la cultura periodística.

Ella desafía la idiosincrasia del pensamiento colectivo argentino al presentar la posibilidad de que la mujer no solo se educara científicamente sino que también llegara a escribir en su hogar rechazando la incompatibilidad entre la formación educativa y las funciones familiares de la mujer. Además de abogar por una educación práctica y de tendencia utilitaria en la mujer como formadora de las futuras generaciones argentinas, Guerra apoya los proyectos de inmigración europea que ya se comienzan a forjar a mediados de siglo, rechaza la copia sistemática de la moda francesa por estar en disidencia con la realidad argentina y patrocina una regeneración política que terminara con la clausura de centros educativos y crearan leyes protectoras de la mujer.

En cuanto al apoyo que recibió La Educación, cabe resaltar que además de la colaboración individual de varios subscriptores, este semanario fue favorecido con la protección del gobierno provisorio el cual no sólo se subscribe al semanario sino que también lo adopta como material de lectura en las Escuelas de Beneficencia. Sin embargo, La Educación desapareció el 7 de Agosto de 1852, después de solo tres números dejando a luz la tensión vigente en el periodismo de entonces el cual seguía considerándose un privilegio masculino. Su labor periodística continúa como colaboradora de El Nacional (1824-1826), La Tribuna (1853-1884) y La Nación Argentina (1862-1870).

Rosa Guerra fue una de las primeras novelistas publicadas en Argentina. En 1860, aparece su primera novela Lucía Miranda basada en la figura folklórica de la primer mujer cautiva por indígenas.[1] Esta novela relata la leyenda de Lucía Miranda, mujer española quien en 1532 llega con su esposo Sebastián Hurtado a la costa del Paraná como colonizadores. Lucia comienza su misión evangélica con el cacique Mangora, a quien refiere los placeres del amor cristiano a través del matrimonio. Mangora, al igual que su hermano Siripo, se enamora de Lucía quien a pesar de sentir una clara atracción sentimental hacia Mangora, permanece fiel a su esposo.

Ante el rechazo de Lucía, ambos atacan el fuerte español con la intención de secuestrarla. Mangora muere en el combate y los mirandas quedan cautivos de Siripo. Para salvar a Sebastián, Lucía acepta ser la esposa de Siripo. Este le perdona la vida con la condición de que tome a una indígena como esposa. Tanto Sebastián como Lucía no pueden esconder su amor ante Siripo por lo que ambos son ejecutados: Lucía es quemada viva y Sebastián atravesado por flechas.

Rosa Guerra juega con la posible unión interracial entre una mujer blanca y un indígena y hasta muestra cierta simpatía hacia Mangora cuyo proceder se justifica por su amor desvirtuado hacia Lucía. Aunque se presenta la amenaza de una transgresión sexual, la misma no llega a consumarse y con fatalismo romántico, Lucía se sacrifica rechazando así las practicas salvajes de los indígenas. En su versión de la leyenda, Rosa Guerra termina solidificando la división entre la barbarie indígena y la civilización blanca ante el frustrado intento de colonización y europeización.

En 1862, Rosa Guerra se convierte en la primera dramaturga argentina al publicar Clemencia, drama en tres actos en verso dedicada al presidente general Bartolomé Mitre. En esta obra, Guerra continúa su critica social resaltando la

falta de educación científica en la mujer. Se lee: “Si fuera como en otras partes/ Que es la mujer estudiosa,/ Su educación no es viciosa/ Como la nuestra; se la enseña/ El estudio de la ciencias/ Es ilustrada en conciencia/ Y su saber es igual/ Al del hombre; es poetisa,/Escritora, literata,/ Pinta, canta y aun retrata,/ Viaja y escribe noticias./ Asi es que aunque no se case,/Es su vida distraída (70). Guerra intenta extender la identidad social de la mujer proponiendo a la educación, la escritura y las artes como canales de socialización participativos que llegaran a diversificar el accionar femenino. La antagonista de Clemencia, Inés, expone la presión social femenina hacia el matrimonio: “Si á los quince no se casa/ Es perdida la mujer, /Nada tiene ya que hacer,/La sociedad la rechaza […] Cuyo crimen-ser solteras,/Que espantosa aberración!” (71). La postura discursiva de Guerra denuncia como la política del matrimonio decimonónico no solo solidificaba la subordinación femenina sino que también monopolizaba el destino sociocultural de la mujer. Clemencia surge como una anomalía entre las mujeres de la época quienes sucumben ante las superficialidades del siglo y aceptan la normativa del matrimonio como un medio de ascenso económico y social.

En términos políticos, Clemencia expone las apropiaciones de propiedades durante el mandato de Rosas como así también, la persecución a los unitarios y las forzadas emigraciones del país a Montevideo. El tercer acto muestra la falta de recursos de quienes intentan recuperar sus propiedades, la indiferencia de los jueces y escribanos ante las demandas de los necesitados y la falta de reconocimiento y respaldo económico para quienes participaron en la revolución independentista y en la luchas antirosistas.

Rosa Guerra fallece soltera el 18 de agosto de 1864. En este mismo año se publica póstumamente su libro de poesías, Desahogos del corazón dedicado a Vicente Fidel López. Esta ultima obra, refleja su continuo deseo de emancipación ante el determinismo social de la época. Su poema “Despedida” dedicado a su amiga Juana Leloir muestra su intención de desafiar las reglas de sociabilidad vigentes y existir por sí misma: “Si yo pudiera existir/ Sin estar jamas ligada/Con ningunas conecciones/Ser feliz ó dar gracias” (26). Al escribir sobre el amor en el poema “La niña de quince años”, Rosa Guerra rechaza los hombres a la moda: “Jamás quisiera ver/Esos títeres nuevos/Diseño de las modas,/Esos muñecos huecos/Que parecen vaciados/En los moldes de yeso/Que tan solo presentan/Su faramalla al viento” (38). Sus preferencias se inclinan hacia el hombre ilustrado: “Pero no se limitan/A esos mis deseos/Si no quiero que tenga/Cultivado el talento/De las preciosas ciencias/Que dan gusto el ingenio,/Elevacion al alma,/Brillo al entendimiento” (42).

En su poema “Mi reconocimiento”, Rosa Guerra experimenta con la estilística al invertir la primera letra de cada línea formando la expresión “viva Rivadavia” (135). A este presidente le agradece la subsistencia de su familia y su educación. Su denuncias del período rosista en el país continúan en este libro en poemas como “La niña expósita” en donde Guerra alude a el cierre de la casa de niños expósitos y el abandono de los huérfanos que la misma amparaba.

Rosa Guerra fue una escritora pionera quien desde un posición marginal desafío las avenidas participativas de la mujer en la cultura impresa bonaerense.

A pesar de que su participación en el discurso público fue temporalmente corta, con apoyo limitado, y en el caso del periodismo, con una desaparición abrupta, su voz inició la discusión sobre el sistema de concepción diferencial en términos de educación, la reflexión sobre la personificación social de la mujer y la situación política del país. Su legado literario constituye un aspecto clave para entender la dinámica sociocultural de la Argentina decimonónica.

[1] La leyenda de Lucía Miranda fue publicada por primera vez en 1612 por Ruy Diaz en La Argentina. En el mismo año de la publicación de Rosa Guerra, 1860, Eduarda Mansilla publica su novela titulada Lucía Miranda. Más tarde, en 1883, Celestina Funes brinda su relato de la leyenda en el poema Lucía Miranda: episodio nacional.

Bibliografía Selecta

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Vanesa M. Landrus
Eastern Illinois University

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Seudónimo: Cecilia

Obras de la Escritora: originales y editadas

(Obras en orden cronológico)

Nota – Durante el siglo diecinueve la mayoría de periódicos y revistas para mujeres eran dirigidos por hombres para el consumo de las elites femeninas. Los títulos con (*) destacan la importancia de la autora como una de las precursoras en la participación de las mujeres en la escritura pública.

(11 abril 1852 – 20 junio 1852*). La Camelia. Buenos Aires.

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(24 julio 1852 – 11 sept. 1852*). La Educación, Periódico Religioso, Poético y Literario. Buenos Aires.

(1860). Lucía Miranda. Buenos Aires: Imprenta Nacional.

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(1862). Clemencia: drama original en verso y en tres actos. Buenos Aires: Imprenta y Litografía de Bernheim y Boneo.

(1863).Julia ó la educación. Buenos Aires: El Mercado.

(1864). Desahogos del corazón. Buenos Aires: Imprenta de la Sociedad Tipográfica Bonaerense.

Obras críticas y material de referencia

(libros, capítulos en libros, artículos, enciclopedias, tesis y disertaciones, multimedia, y recursos en la Internet)

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